Después de 33 años en Ciudad Limpia, Arcadio Arenas cierra una etapa de su vida con la satisfacción de haber construido, con trabajo, perseverancia y alegría, una historia de la que hoy se siente profundamente orgulloso.
Arcadio llegó a Ciudad Limpia cuando tenía cerca de 30 años, después de haber trabajado como jardinero. Un compañero le habló de la posibilidad de ingresar a la empresa y, tras presentar sus papeles, recibió una llamada que cambiaría el rumbo de su vida laboral. Comenzó trabajando como operario de recolección, labor que desempeñó durante 26 años. Luego, un accidente hizo que cambiara de función, pero esto no hizo que se fueran sus ganas de seguir trabajando. Entre sus nuevas labores estuvo la fabricación de las escobas con las que se barren las calles y el apoyo en diferentes tareas del cuartelillo B7.
Fue precisamente en el B7 donde nació uno de esos pequeños reconocimientos que hablan mucho de quién es Arcadio. Como siempre fue de los primeros en llegar, se encargaba de acomodar las motos de sus compañeros. Por eso, con cariño, sus amigos comenzaron a llamarlo el “jefe de tránsito” del cuartelillo. Una labor que refleja esa disposición que lo acompañó durante sus años en la empresa: estar atento, ayudar y hacer que las cosas funcionaran. Como él mismo recuerda, “cualquier labor que yo hacía me gustaba”.
Al mirar hacia atrás, Arcadio no habla de un único momento especial. Para él, cada día tuvo su propio valor. Durante 33 años pudo construir su hogar, sacar adelante a sus cuatro hijos y alcanzar la tranquilidad de contar hoy con su pensión. Se va con orgullo y con una profunda gratitud hacia la empresa que, según sus propias palabras, fue una bendición en su vida: “Me voy con todo el orgullo. Le agradezco mucho a esa empresa. Es una empresa de bendición”.
Ahora comienza una nueva etapa al recibir su pensión. Arcadio quiere descansar, disfrutar de su familia y pasar algunos días en los Llanos, donde espera reencontrarse con los suyos. Después de 33 años, se despide de Ciudad Limpia dejando una historia que va mucho más allá del tiempo de servicio: la de un hombre que hizo de cada labor una oportunidad para aportar y que, hasta el último día, llegó con la misma disposición de siempre. Gracias, Arcadio, por estos 33 años de trabajo, compañerismo y corazón.