Aunque suelen utilizarse como si fueran lo mismo, limpiar y desinfectar son procesos diferentes y cumplen funciones distintas.
Entender la diferencia es importante, especialmente en espacios de trabajo, establecimientos comerciales, instituciones educativas y lugares con alta circulación de personas, donde mantener condiciones adecuadas de higiene contribuye al bienestar de quienes los utilizan.
La limpieza es el proceso mediante el cual se remueve la suciedad, el polvo, los residuos y otras sustancias que pueden acumularse sobre una superficie. Para hacerlo se utilizan métodos físicos y productos de limpieza que permiten retirar aquello que está visible o adherido a las diferentes superficies.
Una superficie puede verse limpia y todavía contener microorganismos. Por eso, dependiendo del espacio y de su uso, la limpieza puede necesitar complementarse con un proceso de desinfección.
La desinfección es un proceso que utiliza productos específicos para reducir o eliminar determinados microorganismos presentes en superficies, de acuerdo con las características del producto y las condiciones establecidas para su uso.
Para que sea efectiva, no basta con aplicar un producto. Es necesario considerar aspectos como el tipo de superficie, el producto utilizado, su concentración, el tiempo de contacto y las recomendaciones del fabricante.
Entonces, ¿qué debe hacerse primero?
En términos generales, primero se limpia y después se desinfecta cuando el protocolo del espacio requiere ambos procesos. ¿Por qué? La presencia de suciedad puede interferir con la acción de algunos desinfectantes. Una superficie previamente limpia permite que el producto pueda actuar bajo las condiciones para las cuales fue diseñado.
¿Por qué es importante en una empresa?
En un espacio empresarial existen zonas con diferentes niveles de uso y circulación: escritorios, baños, ascensores, pasamanos, salas de reuniones, cafeterías y otras superficies de contacto frecuente.
No todos los espacios necesitan exactamente el mismo protocolo de limpieza y desinfección.
Un adecuado plan de aseo debe considerar las características de cada instalación, el flujo de personas, el tipo de actividad que se desarrolla y las necesidades particulares de cada organización.
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